31 agosto 2009

Pañuelo verde, pañuelo amarillo

Si hay algo fastidioso en la vida es ser testarudo. Empeñarse en algo y defenderlo pase lo que pase y contra el resto del mundo, lógica incluida.
Ya puede ser un pañuelo amarillo, que los demás te digan que es amarillo... que si tú te empeñas en que tiene que ser verde, así lo ves, así ha de serlo.

En el amor me gusta llamar a la cabezonería "luchar por lo que sientes y crees que es tu destino, lo que tiene que ser".
Parece bonito y romántico sentirlo cuando, por ejemplo, alguien te abandona y tú te empeñas en seguir porque sientes que eso es lo que está escrito; pero cada día estoy más segura de que pensar eso simplemente es torturador.
Es auto-flagelarse por sentir la angustiosa sensación de no poder hacer nada, de tener las manos atadas porque es un asunto de dos... es la mayor de las torturas, sobre todo cuando crees que lo que se está yendo es importante.

Pero los testarudos también se equivocan y al final las cosas se caen por su propio peso.
Poco a poco, las evidencias del error se suceden y el pañuelo se destiñe de tu verde mental hasta el más puro amarillo sol; y así lo ves, del color de los girasoles.

Y, un día, pasaeando con amigas por hermosas calles de San Cristóbal de las Casas, te ríes de ese trozo de tela, como si fuera lo más gracioso que has escuchado nunca y, lamentablemente, piensas en no volver a luchar nunca más por una cabezonería; dejar que las cosas pasen, que venga lo que tenga que venir, confiando en que el destino te reserve un buen postre...

2 comentarios:

V. Sancho dijo...

Y si resulta que, al final, el pañuelo era efectivamente verde?

Anónimo dijo...

Aquí el problema es que soy daltónco!!! No existe el color verde mostaza??? El mexicano anónimo... Bueno soy JC