Ya puede ser un pañuelo amarillo, que los demás te digan que es amarillo... que si tú te empeñas en que tiene que ser verde, así lo ves, así ha de serlo.
En el amor me gusta llamar a la cabezonería "luchar por lo que sientes y crees que es tu destino, lo que tiene que ser".
Parece bonito y romántico sentirlo cuando, por ejemplo, alguien te abandona y tú te empeñas en seguir porque sientes que eso es lo que está escrito; pero cada día estoy más segura de que pensar eso simplemente es torturador.
Pero los testarudos también se equivocan y al final las cosas se caen por su propio peso.
Poco a poco, las evidencias del error se suceden y el pañuelo se destiñe de tu verde mental hasta el más puro amarillo sol; y así lo ves, del color de los girasoles.
Y, un día, pasaeando con amigas por hermosas calles de San Cristóbal de las Casas, te ríes de ese trozo de tela, como si fuera lo más gracioso que has escuchado nunca y, lamentablemente, piensas en no volver a luchar nunca más por una cabezonería; dejar que las cosas pasen, que venga lo que tenga que venir, confiando en que el destino te reserve un buen postre...
2 comentarios:
Y si resulta que, al final, el pañuelo era efectivamente verde?
Aquí el problema es que soy daltónco!!! No existe el color verde mostaza??? El mexicano anónimo... Bueno soy JC
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