Solemos juntar nuestras historias y las de nuestras amigas, sacar capítulos de telenovela de la aparente cotidianeidad de quienes nos rodean.
Pues bien, si para algo me han servido mis últimas historias para no dormir adquiridas acerca de relaciones transoceánicas y mentiras a distancia ha sido para confirmar algo que sospechaba: la convergencia del amor entre dos personas es dificilísima, por no decir imposible, mágica...
No sólo hay que coincidir en un espacio común, sino también en un tiempo concreto. Un tiempo en el que las dos personas quieran lo mismo el uno del otro; un tiempo en el que los caminos se crucen y vayan en paralelo... Magia pura y dura, vamos.
Y es magia porque las personas hoy en día somos egoístas por naturaleza y estamos poco dispuestas a sacrificar un mínimo nuestros caminos. Creemos que hemos venido a este planeta para cambiar el mundo y no dejaremos que nada ni nadie nos lo estropee.
Y, viendo ejemplos del pasado, no es para menos, pues cuánta gente habrá sacrificado objetivos por otras personas y luego se han arrepentido al quedarse sin nada...
Las mamás de hoy en día ya no traen a sus niñas con un pan debajo del brazo para alimentar sumisas a sus maridos, sino con un consejo de modo de vida: "válete por ti misma, nunca dependas de nadie". Y eso es lo que hacemos, bailar a nuestro propio ritmo, mientas ellos bailan al suyo y por el camino chocamos, les damos pisotones, los sufrimos...
Por eso creo que cada día hay más divorcios en el mundo, por la negativa a ceder cuando encuentras al hombre/mujer de tu vida. Es tan difícil coincidir que al primer atisbo de convergencia cantas el aleluya en un altar encantadita/o de la vida... y muchas veces es un error tan consciente como desesperado.
Dice mi Alejandro que "todas las cosas tienen su momento", un momento "en donde convergen los sueños, donde converge lo nuestro, donde convergemos...".
Y yo, personalmente, creo que es un poquitín iluso mi amor platónico, pues para mí es eso, prácticamente magia...
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