31 octubre 2009

Puertas

(entrada escrita el viernes 16 de octubre)

Siempre he pensado que en la vida las cosas pasan por algo, especialmente las del futuro profesional, las de tomar uno u otro camino.
Si una puerta se cierra, es porque no era tu puerta, la que te llevaba a un supuesto final de camino. Y, cuando son varias las puertas que se abren o pueden abrirse, es el destino el que te posiciona en la más adecuada si, como yo, eres o te consideras una persona con estrella.
Si no fuera así y no tuviera mi estrella, no sería posible que yo estuviera aquí, en el país más maravilloso del mundo, siendo simplemente feliz.

Por eso ahora que toca otra apertura de puertas quiero confiar en que es por algo mejor. Pero mira que es difícil, pues tener algo mejor que esto es bien complicado…
A poco más de dos meses para el fin de mi aventura, no imagino volver a la civilización, no se si podré soportarlo.
Y me he dado cuenta hoy, justo cuando me he enterado de que tengo que ir a España por unos días (de hecho, cuando publique esto ya habrá pasado mi viaje porque pienso aparecer por sorpresa)
A parte de la pereza del viaje, son días restados a México y quedan tan poquitos…
Cuando se fueron mis amigos vi por primera vez lo cerca que estaba el fin. Y la mitad de mis lágrimas de aquellos días fueron por la angustia de saber que lo que ellos estaban viviendo me iba a tocar a mí luego luego.

Hoy, en el camión dirección a Puebla, al salir del DF y ver los pintorescos extrarradios me ha dado una pena increíble pensar que algún día ya no veré esas casas medio derruídas que anuncian en sus paredes con pinturas de colores conciertos de K-Paz de la Sierra o de Los tigres del Norte, o al candidato del PRI de la delegación, o al médico, dentista o carpintero de turno...
Ni veré camionetas pick up (de las que atrás no tienen techo, aprendí hoy la palabra subida en una, estilo reportera de España Directo) por doquier, ni oiré al tamalero pasar con su grabación “tamaleees…ricos tamaleees…”, ni oleré a tacos en cada esquina… ni a chocolate o elotes al anochecer.

¿Cómo vivir sin caos? ¿Cómo volver a un país ordenado con responabilidades serias? ¿Cómo vivir sin reggaeton en los bares y sin taxistas que te enseñan fotos en el movil de sus viajes a Acapulco y de sus motos? ¿cómo volver al encorsetamiento de un primer mundo lleno de prejuicios, obligaciones, ataduras sociales…? ¿Cómo no sentirte diva por ir a sitios exclusivos o privilegiada por conocer a gente importante?...

Creo que en diciembre voy a necesitar altas dosis de antidepresivos, sean del tipo que sean.