Ha sido un viaje de profundo relax, de masajes, de compras, de paseos... conmigo misma y mi compañía.
Como dijo Malena en mi anterior entrada, suele pasar que la soledad se vuelve traicionera y nos deja solos cuando no queremos estarlo. Ella lo resumía a la perfección con una frase: “Soledad, ¿por qué te busco y no te encuentro y eres tú la que me encuentras cuando no te busco? “
Y gracias a ello he descubierto que Guadalajara es un estado injustamente tratado por los turistas, pues es precioso. Todo el mundo dice “ve a Chiapas”, “ve a la Rivera Maya”, “ve a las playas de Oaxaca”… ¿Y Jalisco? Todavía no pude ir a Puerto Vallarta, pero lo que es la capital y los pueblos tequileros no tienen ningún desperdicio.
Dicen que es el estado más puramente mexicano y lo cierto es que rebosa mexicanidad por todos sus costados.
Es la cuna del Tequila, pues nació allí, en la localidad homónima, en Tequila, y allí se fabrican buena parte de las mejores marcas.
Las tiendas que llenan el centro son tan curiosas que podrías pasarte horas comprando cosas extrañas que en ningún otro sitio encontrarías.
De allí son las “tortas ahogadas”, bocadillos empapados con salsa de jitomate hechos con un pan que sólo se puede comer en Guadalajara. Por ello los comí tres días seguidos.
Yo y mi iPod paseando… me sentí tan bien que hasta el último disco de Pereza me está cayendo mejor de lo que me caían… Estuve a punto de escribir una entrada poniéndolos a parir por tan cutre álbum, lleno de letras sinsentido y palabras malsonantes gratuitas. Pero me aguanté… y ya no me suena tan mal.
Creo que los malos tiempos pasaron y, por qué no, lo mejor quizás esté por llegar.
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