Físicamente no tienen por qué ser guapos, altos, rubios… pero a ti te parecen 100% atractivos por una cuestión química: las hormonas. (Después de todo, alguien me dijo una vez que en la vida todo es física… o química) Desprenden un algo que te transforma en animal irracionalmente feliz.
Cuan zapatos de altura, te elevan, te estilizan las piernas y te hacen sentir la mujer más sexy del mundo. Ese es su propósito y para ello se fabrican, para hacerte sentir bien, especial, distinguida o como se quiera llamar a ese falso hálito de felicidad que desprendes al llevarlos.
El tiempo que estás con ellos, sea un año o una simple noche, es tan especial que sientes ser Cenicienta en su primer baile en Palacio, observada y envidiada por todos. Pero al final siempre pasa una cosa: los zapatos de aguja acaban por volverse contra ti. Puesto que ellos mismos son puro egocentrismo, creen que fueron construidos para llegar alto, para indicar superioridad, para que todo el mundo los mire y los desee… acaban sintiendo que esos no son sus pies adecuados, que son demasiado pequeños para la magnitud de su porte.
Duelen. Se van y te matan de dolor, salen de tus pies dejando tantas heridas como días hayas pasado a su lado. Se van y te dejan una única sensación, a parte de la decepción: las ganas de ir descalza por el mundo.Y lo peor es que un hombre así no cambia. A las deportivas puedes ponerles cordones de colores, a los mocasines tachuelas, a las bailarinas lazos rojos de raso… Pero los zapatos con tacón de aguja siempre seguirán perteneciendo a su dolorosa especie, por mucha lástima que quieran dar, por muchas milongas que te cuenten...
Es difícil encontrar un zapato ideal. Desde que soy una obsesiva de los pisadores de suelo he encontrado dos pares de zapatos perfectos: unas sandalias de verano negras con dos tiras y un lazo, de esas que quedan bien con todo, y unos zapatos negros comprados en Inglaterra con punta redondeada, tacón ancho y un ideal botón en el costado.Las primeras las he perdido en México. No me preguntéis cómo, cuándo ni por qué. En agosto viajé mucho… andarán por alguna de mis escalas. Los segundos los pienso dejar aquí, pues ya están viejos, el ante se destiñó y lucen un gris desgastado horrible. Me da tanta pena tirarlos… Pues también están llenos de recuerdos.
En cuanto a los hombres, queridos todos, la respuesta es obvia, pues si no no estaría aquí, compuesta y sin novio, más sola –y feliz- que la una, entrando en zapaterías…
Todavía tendré que seguir esperando, buscando el modelo ideal, ergonómico a la vez que bonito, asequible sin ser hiper barato… y que esté en un escaparate de ensueño. Ah, y, lógicamente, que no me pase como con mis sandalias o zapatos negros.
Que no se pierdan, que no se queden viejos…
5 comentarios:
Tengo un par de cada en mi zapatero...
Jessica
Grande Pem!! Me han encantado cada una de las definiciones!!Has dado justo en el clavo!!Bisous linda
¿hergonómico? :-O
Que rapidez, fuera la "h". Ánimo, seguro que encuentras otro par que te guste. ;-)
Algo misántropa, pero divertida comparación.
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