06 noviembre 2009

La noche en la que PEM fue Isabel Gemio

Cuando era niña soñaba con que la mítica Isabel Gemio apareciera en mi casa para decirme que Alejandro Sanz o Nick Carter estaban escondidos debajo de mi cama. Sorpresa, Sorpresa… gran programa que creció con nosotros, nacidos en los ochentas, y nos hizo pensar que los sueños pueden cumplirse (y gracias al que escuchamos divertidas anécdotas de perros secuestrados o mermelada de melocotón).
Fue en estas épocas, que coincidían con las de Bertín Osborne y su Lluvia de estrellas, cuando empezó a correr el alma folclórica por mis venas.

Folclórica frustrada a la que le encanta dar a la vida algo de color, por una noche me convertí a la vez en Isabel Gemio y en “la hermana a la que hace cincuenta años que no veo porque emigró en la Guerra Civil a Argentina”.
Y creedme que no hay nada más difícil en el mundo que mantener un secreto en el lugar conocido popularmente como Rinconcity, familia de PEM incluida. Es complicadísimo mantener cerrado el círculo informativo y lograr que ciertas personas estén en el sitio adecuado, en el momento preciso…

Pues bien, más o menos, salió todo como esperaba y pude ver unas cuantas bocas abiertas y “tocamientos” en plan “¿será verdad que está aquí?”.
Una noche intensa donde las haya en la que el tic-tac corrió tan rápido como baja una botella de tequila en una mesa del Tenampa... la presión de ver a todo el mundo, de estar con todo el mundo… Lo intenté, aunque Pepito Grillo diga lo contrario y aunque la Lady Madrid de Pereza (Jorge, definitivamente me encantan los Aviones) –que es la Barby Superstar de Sabina del segundo milenio aunque versión Madrid, no Vallecas- nos llevara por el mal pero divertido camino de cantar y sentir a pleno pulmón enfundadas en azul.



El resto de días fueron “calmados”, un no parar de cenas, paseos y paradas en coche, cafés, ruiditos, desayunos, pláticas, humo… Poco dormir, mucho salir para volver a comprobar que la mejor gente del mundo sigue estando en el sitio de siempre. Cotillas, chismosas… pero tan cariñosas, cariñosas de corazón.

Por lo demás, laboralmente eché la moneda al aire, una moneda sincera que pronto dirá cara o cruz, que pronto me mostrará un claro camino o bien la emocionante incertidumbre.

El resto de monedas flotantes ya se sabe… ayer fueron cara, hoy han sido cara, y quién sabe de qué lado caerán mañana… jugar con monedas, valga la redundancia, es jugársela a cara o cruz.

Voy volando, de vuelta al Defectuoso y no se por qué siento que los autobuses han vuelto a mí (quizás gracias a ti, Alberto, o a todo lo que bebiste y dijiste…), que se acabaron los corsés y los incómodos pelos en la lengua. Seré yo como si escribiera para mí y al que no le guste, que no lea y si alguien se avergüenza: “haz clic en la esquina superior derecha, en donde dice X”.


Faltan 45 días para el próximo avión transoceánico y pienso disfrutar de cada uno de ellos como si fuera el último.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Ya que el Jorge no te escribe, te lo pongo yo: Paula eres lo mas rock & roll de por aqui.
oye pero al final encontraste todas esas cosas que dices que perdiste en mi coche???
raquel