Ni estoy cansada, ni estoy triste, ni estoy enferma. Simplemente, sufro de nostalgia adelantada y de ansiedad intensa. Creo que en mis sueños pienso en el 21 de diciembre y me agota tanto soñarlo que me levanto con un sueño terrible...
Poner la lista de cosas por hacer me ha creado un estrés exagerado, el mismo que tendría si no la hubiera puesto, pues el hecho está claro y es inevitable: en 25 días me voy.
Y no me quiero ir. No me quiero ir porque aquí soy feliz, porque esta vida es tan genial que cuesta creerla, porque no podré soportar que cuando me vaya todo siga igual, como si no hubiera pisado tierras mexicanas... porque aquí no tengo nada 100% mío, pero lo tengo todo...
Pero tengo que irme. Todo llega a su fin y en estos días especialmente estoy sintiendo que ya, ya tengo que poner un poco de tierra de por medio a entre esta locura y yo, creo que ha llegado el tiempo de poner los pies en la tierra, de centrarme en la PEM periodista y olvidarme de las flores de colores, los algodones de azúcar y las nubes de gominola, al menos por un tiempo.
Me falta tanto por hacer... Recuerdo la ansiedad del principio, cuando todos habían hecho todo y tú acababas de llegar y querías hacer, hacer, hacer mil millones de cosas. Las hiciste, ¡¡¡visitaste la mitad de los estados!!! De norte a sur y de oeste a este... Baja California, Baja California Sur, Zacatecas, Jalisco, Guanajuato, Veracruz, Distrito Federal, Estado de México, Tlaxcala, Guerrero, Puebla, Oaxaca, Chiapas, Yucatán y Quintana Roo.
Pero estos días no importa, pues sólo puedes pensar en la otra mitad que no has pisado...
Se que no debo pensar en lo poco que me falta, en lo que no haré, en lo que se quedará en el tintero... Sólo debo disfrutar al máximo estos días. Seguir analizando esta sociedad externa e internamente (pues hay mucho de chisme que no os cuento), para un día sacarlo. Seguir aprovechando lo que este país me da, la radiografía de un mundo aparte tan maravilloso, como oscuro, como luminoso y colorido, como extraño, raro, atípico, brutal, apasionado y profundamente cautivador.
Después de todo, mis cosas sin tachar siempre serán la innecesaria excusa para volver.
Ya taché el concierto de Pau, tan tan tan divertido... Allí descubrí a la diva, una hija de la... por usurpar gran parte de nuestro disco duro musical cerebral. Lo juro, a mí no me gustaba hasta que llegué y me supe todas y cada una de las canciones... Diva, divine, diva.
Y me encontré con Diego en el cementerio... y le dejé flores... y, lo reconozco, le reñí un poco. Por ser de Guanajuato, la ciudad más bonita del mundo, por volver locas a las mujeres -incluida a mi amor platónico Frida Kahlo- a pesar de ser gordo y feo, por vivir en México y amar tantísimo todos y cada uno de los rincones de este país...
Aunque vengas de rodillas y me implores y me pidas...
aunque vengas y me llores que te absuelva y te perdone...
aunque a mí me causes pena, he tirado tus cadenas
y te dedico esta ranchera por ser el último adiós...
Porque por las buenas soy buena... pero, por las malas... LO DUDO.
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