15 enero 2010

De mayor quiero ser como tú

Salta la noticia y, respaldado por el mastodóntico periódico del que en apenas unos días entraré -de algún modo- a formar parte, Pablo Ordaz se lanza a Haití y envía su primera crónica desde el infierno. Magistral, como siempre. Qué decir que no se haya dicho ya... por eso es tan importante cómo decirlo.

"No hace falta darle mucho pábulo a la imaginación. El dolor más terrible, la tragedia más absoluta sigue desarrollándose en la capital de Haití. Justo en este momento, cuando se termina de escribir esta crónica, un nuevo temblor ha hecho que los periodistas reunidos en torno a la piscina del hotel Creole nos hayamos tirado al suelo instintivamente. Ha durado un segundo, tal vez dos. Suficiente para apenas atisbar lo que aquí sucedió el pasado martes, lo que todavía sucede, lo que siempre seguirá sucediendo en un país condenado a no tener esperanza".
Salta la noticia y, respaldado por él mismo, sus ganas y su valor, Andrés hace una maleta destino al infierno en quince minutos y, sin billetes se va al aeropuerto del Distrito Federal... "Precario", pero con su sempiterna cámara a cuestas llega a la isla maldita.

"Aeropuerto de Santo Domingo, no sabría decir si es medianoche o la 1 de la madrugada. Sigue la tensión de no saber si mañana llegaremos o cómo, y lo peor, ¿cómo vamos a transmitir?. Comida, agua... ¿Qué llevamos y cómo? Uff
Y hoy, ¿dónde dormimos?"

Desde que saltó la noticia, supe que iba a hacerlo, al igual que un día se fue a Tegucigalpa, quien es así no lo piensa, se lanza a la aventura.
Sus últimas informaciones hablan de que ya ha llegado al infierno, está en el aeropuerto de Haití, a punto de enfrentarse con la que sin duda será una de las experiencias de su vida, preocupado por si logrará cumplir su función, transmitir su trabajo, contarnos de ese horror a través de su objetivo.

Y yo aquí, en mi casa, con un trozo de cabeza puesta allí, con miedo por lo que le pueda pasar... y volviendo a vivir esa sensación que hace tiempo no sentía... esa sensación que, como un día describía María, sólo los periodistas podemos entender. Eso que Pablo seguro siente en cada uno de sus desplazamientos por sorpresa.

Aquello que sentí en abril, justo el día en que había quedado con Andrés por primera vez desde su llegada a México para salir a ponerle el termómetro a la caótica ciudad... Justo el día en el que hubo un terremoto de casi seis grados en medio de una psicótica epidemia (si no llega a ser por él y su primo me habrían tenido que internar e inyectarme Valeriana en vena). La sensación de estar en el sitio adecuado en el momento adecuado. La necesidad de vivir para contar.

Esa sensación que unos buscan subiéndose a un avión, mientras que otros nos limitamos a analizar y relatar en un blog, tumbada en la cama. En días así, viendo la valentía con la que actúan algunas gentes, me planteo si yo estoy hecha para esto, si algún día me moveré de verdad, si me haré mayor, si estoy tomándome la profesión de un modo demasiado relajado... si no habría sido mejor, en lugar de ir a por lo más conveniente y lógico, lanzarme a la aventura... No lo se. Sólo se que siento una enorme envidia, una impaciencia asfixiante, ansiedad...

Sobre un mostrador del aeropuerto, aguantando durante todo el día los hedores de la muerte, y la tristeza de lo que se ve y se vive, no hay foto que exprese como
uno tiene que aguantar sus lágrimas en ocasiones...

...acaba de escribir Andrés en su blog. Para eso sí que no, para aguantar las lágrimas sí que no estaría preparada... Borraría la tinta de mi cuaderno, no podría parar de llorar...

Que descansen en paz los muertos... que los vivos no pierdan la esperanza de un futuro "mejor"... y que nuestros vivos vuelvan a casa como se fueron, que sólo se lleven de la isla maldita historias que contar y que encuentren el modo para poder olvidar otras...
Suerte, mucha suerte...

1 comentarios:

Andrés Martínez Casares dijo...

Acabo de leerlo, lo siento pero se me había pasado. La verdad es que aquellos días uno no estaba con la cabeza en su sitio.
No quieras ser como nadie, o bueno, mejor dicho, ten claros objetivos, gente a la que admires, mientras tratas de desarrollarte como persona y periodista, no olvides lo de ser persona, y ser fiel a tus ideas y sincera en lo que cuentes, sea donde sea, y en la sección que más te guste. Ya sabes, ¡es un trabajo apasionante!
Gracias por los halagos.
Un beso