
Mi amiga Irene se quiere ir a vivir a Camboya. Lo ponía el otro día en su estado de Tuenti, y eso es que va en serio. Dice que está cansada de Madrid y ya se quiere ir de aquí donde se cruzan los caminos. Se quiere ir a Camboya sin saber que Phnom Penh es su capital y, digo yo, ¿para dónde irá a comprar los boletos? Quién sabe...
Mi amiga Irene es especial, auténtica, de las de monólogo a lo Antonia San Juan LaAgrado. Cuenta historias que parecen salidas de una película de Almodóvar del Madrid de la Movida (a lo Pepi, Luci, Boom) y es por eso que no entiendo cómo demonios se quiere ir a Camboya a hablar jemer con alguno de sus 14 millones de habitantes.
Mi amiga Irene tiene un gato negro -pantera en potencia- que es modelo de fotos Tuenti, llamado Mojito, al que estruja, besa y apapacha más que a ningún ser humano del mundo mundial. Por lo que he leído, en Camboya hay tigres, cocodrilos, elefantes y búfalos de agua, pero lindos gatitos normales no se si habrá, y tampoco se si serán tratados como mascotas o servirán para enriquecer el caldo.
Mi amiga Irene y yo nos conocemos de toda la vida, desde que a ella la llamaban Tocinito de Cielo y yo era una raspa con palmera en la cabeza. Y ella vivía feliz en elcampo de Casas Blancas y sus ¿cinco habitantes por kilómetro cuadrado?.¿Qué va ha hacer en Camboya con 71 habitantes en cada kilómetro cuadrado? quizas hacerse budista, o enseñar a leer al 80 por ciento de la población, que es analfabeta.
Creo que se por qué mi amiga Irene quiere dejar Madrid para irse a Camboya. Le pasa un poco como a mí, que aunque Madrid mola -y hay fiesta y gente estupenda y es donde debemos estar- no podemos parar de pensar que en otro sitio estaríamos o estuvimos mejor.
En ese lugar que te complementa y en el que te sientes bien porque sí, y que, como el amor verdadero, unos encuentran pronto, otros tarde y otros nunca, por más que viajen en autobús, barco, jet privado o bicicleta. En ese sitio al que mi Alejandro llamaría Paraíso, pero no por sus palmeras con cocos llenos de ambrosía, sino porque desprende de sus calles, montañas y ríos un algo inexplicable que revoluciona tus cinco sentidos.
Tiene que ser por esto por lo que se quiere ir a Camboya, porque Madrid no la llena del todo. Porque no es comprensible si no que se quiera ir a un país tres veces más pequeño que España, en el que hay monzones tropicales de dos tipos -de mayo a octubre y de noviembre a marzo- y en el que la renta per cápita es de 2.534 dólares por habitante (la de España es de 35.116)..
He leído por ahí que en Camboya está de moda eso de pescar, por allá por el río Mekong. Pero no veo yo mucho a mi amiga Irene pescando, ni con caña, ni con red, ni nada. Y si pesca, más la veo pescando en el Ebro, un domingo de resaca.
2 comentarios:
Hay veces que aunque estés contento en un lugar y te siga gustando como siempre, no puedes evitar esa sensación de vacio y de falta...
Es hora de decir ¡Adiós a mi anterior y aburrida vida!
Hay que buscar algo que nos motive, ya sea en Camboya, Mexico o en el barrio de al lado.
Sabes que siempre defenderé Madrid, pero yo también me siento como tu amiga Irene... Lo peor es no haber encontrado mi Camboya.
Habrá que seguir buscando.
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